MARTES 20 DE ENERO DEL 2026
ESTE AÑO LEGISLATIVO
El año
legislativo que se abre a partir del próximo 1.º de febrero presenta un nivel
de complejidad inédito para la educación superior estatal, no solo por el
recambio total de la Asamblea Legislativa, sino por la configuración política
que, según las tendencias actuales, podría emerger con una fuerza parlamentaria
claramente adversa a los intereses históricos del sistema universitario
público.
Para CONARE,
este escenario no admite lecturas superficiales ni respuestas reactivas, pues
lo que está en juego no es únicamente una negociación presupuestaria anual,
sino el marco político e institucional que condicionará la sostenibilidad de la
educación superior estatal en los próximos años.
Las
proyecciones electorales indican que el partido Pueblo Soberano podría
consolidar una bancada cercana a los 21 diputados, lo que le permitiría ejercer
una influencia determinante en el Plenario, en las comisiones estratégicas y en
la definición del ritmo y contenido de la agenda legislativa. Esta eventual
correlación de fuerzas adquiere especial relevancia si se considera que varios
de los liderazgos de esta agrupación han mantenido, de forma consistente y
pública, una posición crítica e incluso confrontativa frente al financiamiento,
la autonomía y el rol político de la educación superior estatal.
En los primeros
lugares de elección de dicho partido figuran actores que, durante su paso por
el Poder Ejecutivo, protagonizaron algunos de los episodios más tensos en la
relación entre el Gobierno y las universidades públicas. Entre ellos se
encuentran Nogui Acosta, Ana Katharina Müller Castro
y Laura Fernández, esta última con una alta probabilidad de encabezar el
próximo Poder Ejecutivo. No se trata únicamente de trayectorias personales,
sino de una visión política que ya se tradujo, en su momento, en decisiones
concretas orientadas a tensionar y redefinir el modelo de financiamiento
universitario. El antecedente más relevante en este sentido fue la decisión de
llevar por primera vez la discusión del FEES al Congreso mediante la figura del
diferendo, rompiendo con la tradición de negociación política directa entre el
Ejecutivo y las universidades públicas en la Comisión de Enlace. Este hecho no
solo alteró el equilibrio histórico del modelo, sino que abrió una puerta
institucional que podría volver a utilizarse, esta vez con un respaldo
parlamentario mucho más robusto y con una narrativa política que cuestiona
abiertamente la legitimidad, eficiencia y pertinencia del sistema universitario
estatal.
A este
escenario político se suma un contexto macroeconómico que, lejos de ofrecer
holguras, refuerza las tensiones sobre la asignación de recursos públicos.
Según el Banco Central de Costa Rica, la economía cerraría 2025 con un
crecimiento del PIB real cercano al 4,2%, impulsado principalmente por el
consumo privado, mientras que para 2026 se proyecta una moderación del
crecimiento hasta alrededor del 3,5%, asociada a una desaceleración de la
demanda externa y a un retorno gradual del crecimiento hacia su nivel
potencial. Este comportamiento implica que el país ingresará al nuevo periodo
legislativo con una economía aún en expansión, pero sin un margen amplio para
expansiones sostenidas del gasto público.
En materia de
precios, el INEC reportó que la inflación interanual cerró 2025 en -1,23%,
confirmando un entorno de inflación excepcionalmente baja. De acuerdo con el
Banco Central, esta condición se mantendría durante los primeros meses de 2026,
y el retorno de la inflación general al rango de tolerancia alrededor de la
meta del 3% se proyecta hasta el segundo trimestre de 2027. Este dato es
particularmente relevante porque condiciona la política monetaria, las
expectativas económicas y los ajustes presupuestarios, y refuerza el argumento
de contención nominal del gasto en un entorno de baja presión inflacionaria.
En coherencia
con este escenario, el Banco Central ha reducido de forma sostenida la Tasa de
Política Monetaria, ubicándola en 3,5% hacia finales de 2025, nivel que la
autoridad monetaria considera consistente con una postura neutral. Esta
relajación monetaria ha contribuido a reducir el costo del financiamiento y el
pago de intereses de la deuda pública, pero no elimina las restricciones
estructurales del marco fiscal, que seguirán siendo un factor determinante en
las decisiones legislativas de este año
. Desde la
perspectiva fiscal, los datos oficiales del Ministerio de Hacienda muestran una
mejora en los indicadores de corto plazo, con un déficit financiero acumulado
cercano al 1,2% del PIB a mitad de 2025 y una trayectoria de consolidación
sostenida bajo la regla fiscal. Sin embargo, la deuda del Gobierno Central se
mantiene alrededor del 60% del PIB, umbral que continúa operando como
referencia política y técnica para justificar la contención del gasto. En este
contexto, la disciplina fiscal seguirá siendo uno de los ejes centrales del
discurso y de la acción legislativa en 2026, con impactos directos sobre el
financiamiento de la educación pública.
Es precisamente
en este punto donde convergen el riesgo político y el condicionante
macroeconómico. A la expectativa de eventuales reformas de rango constitucional
en materia de financiamiento educativo, incluyendo la educación superior, se
suma un entorno económico que refuerza narrativas de ajuste, eficiencia y
priorización del gasto. Estas iniciativas, de prosperar, no se limitarían a
ajustes coyunturales, sino que podrían redefinir las reglas estructurales bajo
las cuales operan las universidades públicas, afectando principios como la
autonomía universitaria, la planificación plurianual y la estabilidad
financiera del sistema.
En este
escenario, resulta previsible que el papel de CONARE sea objeto de un
escrutinio político más intenso, no solo en términos de su posición frente al
FEES, sino también respecto a su eficacia, su capacidad de articulación y su
rol como actor político-técnico en el debate nacional. Este cuestionamiento no
necesariamente se expresará de forma frontal o inmediata, sino que puede
manifestarse a través de decisiones legislativas, reformas normativas o cambios
en la interlocución institucional que, de manera acumulativa, reduzcan su
margen de incidencia en un entorno crecientemente adverso.
El panorama
descrito coloca a CONARE ante un dilema estratégico de fondo. El desafío no
radica en intentar construir consensos artificiales ni en diluir posiciones
para evitar el conflicto, sino en fortalecer una resistencia institucional
sólida, técnicamente fundada y políticamente coherente, capaz de sostener el
modelo de educación superior estatal frente a una oposición organizada y con
poder real de decisión. En un contexto de restricciones fiscales, baja
inflación y posible mayoría parlamentaria adversa, las decisiones que se
adopten hoy adquieren un peso mayor, pues condicionan la capacidad de respuesta
futura.
Este año
legislativo, por tanto, no debe entenderse como uno más dentro del ciclo
ordinario de seguimiento parlamentario, sino como un punto de inflexión que
exige claridad estratégica, cohesión interna y decisiones cuidadosamente
calibradas. La manera en que CONARE afronte este escenario, los actores con los
que decida articularse y los criterios que utilice para fortalecer su acción
institucional serán determinantes para enfrentar un entorno político y
económico que, lejos de ser favorable, se perfila como estructuralmente
desafiante.
PREDICTA S.R.L
Cédula 3-102-13416
Emmanuel Ferrer Venegas
Arturo Ferrer Schlager
Cédula 1-1568-0284
Cédula 1-0500-0784