LUNES 2 DE FEBRERO DEL 2026
LA SEMANA QUE HOY COMIENZA
El inicio de
la presente semana marca un punto de inflexión en el escenario político
nacional. Se trata del primer día hábil posterior a las elecciones nacionales
de 2026 y, al mismo tiempo, del cierre efectivo de un ciclo político cuyo
desarrollo había sido anticipado en los análisis del año legislativo anterior.
El resultado electoral no solo confirma varias de las tendencias estructurales
ya identificadas, sino que redefine de manera sustantiva el contexto en el que
se desarrollará el trabajo legislativo y el ejercicio del control político en
los próximos meses.
Costa Rica
optó por la continuidad del proyecto de gobierno. Esta decisión no puede
interpretarse como un acto automático ni como una adhesión acrítica, sino como
la validación de un estilo de conducción confrontativo, directo y polarizante que logró interpelar a una parte significativa
del electorado. Durante el año político previo ya se evidenciaba la centralidad
del Ejecutivo en la agenda pública, así como una narrativa de conflicto
permanente frente a actores institucionales y políticos, dinámica que terminó
trasladándose al proceso electoral y condicionando el resultado.
El proceso
electoral también confirma una debilidad estructural del sistema político
costarricense: la fragmentación partidaria. La proliferación de agrupaciones
políticas no se tradujo en mayor representación sustantiva ni en una oferta
programática más robusta, sino en una dispersión del voto que dificulta la
articulación de mayorías estables y la rendición clara de responsabilidades.
Este fenómeno adquiere particular relevancia a la luz de la nueva conformación
legislativa, en la que el partido Pueblo Soberano alcanza una mayoría absoluta
de 31 diputaciones, seguido por Liberación Nacional con 17 escaños, el Frente
Amplio con 7, y una representación marginal de otras fuerzas políticas.
En este
contexto, el año legislativo que iniciará formalmente en mayo presenta un nivel
de complejidad inédito para la educación superior estatal. No solo por el
recambio total de la Asamblea Legislativa, sino por la configuración política
resultante, claramente adversa a los intereses históricos del sistema
universitario público. La nueva correlación de fuerzas otorga al partido Pueblo
Soberano una capacidad determinante para incidir en el Plenario, en las
comisiones estratégicas y en la definición del ritmo y contenido de la agenda
legislativa, incluyendo los temas presupuestarios y de financiamiento educativo,
así como también en las elecciones del Directorio Legislativo. En lo único que
tendrá que Pueblo Soberano tendrá que negociar será para reformas constitucionales,
elección de magistrados y proyectos de ley que ameriten los 38 votos.
Este
escenario adquiere mayor relevancia si se considera que varios de los
principales liderazgos de Pueblo Soberano han mantenido, de forma consistente y
pública, posiciones críticas e incluso confrontativas respecto al
financiamiento, la autonomía y el rol político de la educación superior
estatal. Entre los cuadros electos figuran actores que, durante su paso por el
Poder Ejecutivo, protagonizaron algunos de los episodios más tensos en la
relación entre el Gobierno y las universidades públicas, y cuya visión política
ya se tradujo en decisiones orientadas a tensionar el modelo histórico de
financiamiento universitario.
El
antecedente más significativo en esta materia fue la decisión de llevar por
primera vez la discusión del FEES al Congreso mediante la figura del diferendo,
rompiendo con la tradición de negociación política directa entre el Ejecutivo y
las universidades. Este hecho no solo alteró el equilibrio institucional del
modelo, sino que abrió una vía que ahora podría ser utilizada con mayor fuerza,
respaldada por una mayoría parlamentaria robusta y por una narrativa política
que cuestiona la legitimidad, eficiencia y pertinencia del sistema
universitario estatal.
A este
panorama se suma la expectativa de que, durante el nuevo periodo legislativo,
se impulsen reformas de rango constitucional vinculadas al financiamiento de la
educación pública, incluida la educación superior. De prosperar, estas
iniciativas no se limitarían a ajustes presupuestarios coyunturales, sino que
podrían redefinir las reglas estructurales bajo las cuales operan las
universidades públicas, afectando principios como la autonomía universitaria,
la planificación plurianual y la estabilidad financiera del sistema.
En este
contexto, es previsible que el rol de CONARE sea objeto de un escrutinio
político más intenso. Este cuestionamiento no necesariamente se manifestará de
forma inmediata o frontal, sino que puede expresarse mediante decisiones
legislativas, reformas normativas, uso estratégico del control político o
cambios en los mecanismos de interlocución institucional, orientados a
debilitar su capacidad de incidencia como actor político-técnico.
El escenario
descrito coloca a CONARE ante un desafío estratégico de fondo. No se trata de
evitar el conflicto ni de construir consensos artificiales, sino de fortalecer
una posición institucional sólida, técnicamente fundamentada y políticamente
coherente, capaz de sostener el modelo de educación superior estatal frente a
una oposición organizada y con poder real de decisión. Una lectura errónea del
momento político o la adopción de estrategias orientadas únicamente a la
comodidad coyuntural podría dejar al sistema universitario en una posición de
vulnerabilidad difícil de revertir.
De esta
forma, este primer día posterior a las elecciones anticipa, además, un uso
intensivo del control político por parte de las distintas bancadas, tanto para
legitimar el resultado electoral como para reposicionarse frente al nuevo ciclo
legislativo. El control político será un instrumento central en la disputa
narrativa y programática, especialmente en temas sensibles como el
financiamiento público, la educación superior y el rol del Estado.
El año
legislativo que se abre no debe entenderse, por tanto, como uno más dentro del
seguimiento parlamentario ordinario, sino como un punto de inflexión que exige
claridad estratégica, cohesión interna y decisiones cuidadosamente calibradas.
La forma en que CONARE enfrente este escenario, los actores con los que
articule su acción y los criterios que utilice para fortalecer su
posicionamiento institucional serán determinantes para su capacidad de
respuesta en un entorno político particularmente desafiante.
PREDICTA S.R.L
Cédula 3-102-13416
Emmanuel Ferrer Venegas
Arturo Ferrer Schlager
Cédula 1-1568-0284
Cédula 1-0500-0784