PROYECTO DE ACUERDO

 

DECLARATORIA DE BENEMERITAZGO DE LA PATRIA

AL LICENCIADO ALBERTO MARTÉN CHAVARRÍA

 

RICARDO TOLEDO CARRANZA

DIPUTADO

 

Expediente N.º 15.943

 

            Los costarricenses somos un pueblo agradecido; un pueblo noble que, con múltiples sacrificios, ha alcanzado las metas propuestas.

 

            Desde los primeros pasos de nuestra independencia en 1821 y mucho antes con nuestros hermanos indígenas, hasta el proceso de fortalecimiento de nuestro sistema democrático actual, por la década de los años 40, aproximadamente, hemos logrado grandes avances, decenas de conquistas en todos los ámbitos del quehacer humano, cultural, educativo, político, económico y social.  Estas conquistas han tenido siempre a Costa Rica como patria por delante, y nuestro país ha contado, además, con personas que, desde una perspectiva de vanguardia y sin aires de ser ellos los protagonistas, supieron crear conciencia para hacernos grandes.

 

            Somos una patria construida con fortaleza, sentido social y espíritu de desarrollo, pero también con delicadeza y amor, con el corazón de Juanito Mora, Carmen Lyra, Tomás Guardia, Braulio Carrillo, Fernando Centeno Güell, Tomás Povedano, Teodorico Quirós, Francisca Carrasco, Emma Gamboa, Rodrigo Facio Brenes, Francisco (Paco) Zúñiga, Rafael Ángel Calderón Guardia, José Figueres Ferrer y tantos otros ciudadanos que, con una visión integral de la sociedad costarricense y el anhelo de ubicar a esta porción de tierra centroamericana en un lugar privilegiado, en el concierto de las naciones, pusieron la cimiente de lo que hoy somos como pueblo.

 

            Si la patria se construye y se vive con valores, puede consolidarse con fortaleza y sentido de humanidad, y es precisamente ese sentido de humanidad el que nos caracteriza como una sociedad amante de la paz y no de la guerra, que opta por integrar y nunca por separar; que antepone la justicia y la solidaridad por delante de la indiferencia y el desconcierto.  En tantos años hemos aprendido, tantas y tantas cosas, que pareciera que teniendo casi todo, siempre nos hace falta algo.

 

            Necesariamente, debemos volver nuestra mirada hacia atrás para reconocer cuánto hemos logrado y qué nos falta por alcanzar.  Por esta razón, podemos decir que somos un pueblo agradecido que reconoce en sus hijos, de ayer y hoy, invaluables aportes en la construcción de nuestra identidad nacional.

 

            Esta iniciativa pretende resaltar la figura de un ilustre ciudadano; un hombre, maestro, padre, un costarricense bueno cuyo nombre es sinónimo de solidaridad en cada rincón del país: Alberto Martén Chavarría.

 

            Don Alberto nació en San José, el 26 de marzo de 1909.  En 1914, durante el gobierno de don Alfredo González Flores, su padre un abogado y político, fue nombrado diplomático en Europa (encargado de negocios en Bélgica y posteriormente cónsul en París), por lo que don Alberto debe viajar al "viejo continente " con su familia, cuando apenas contaba con cinco años.

 

            Durante su permanencia en Francia, cursó sus estudios primarios y parte de los secundarios en el Lyceé Bieffon, de París.

 

            En 1922 regresó a Costa Rica para proseguir, por dos años, sus estudios secundarios en el Colegio Seminario. Viajó a los Estados Unidos donde trabajó e inició estudios en Derecho mercantil y Contabilidad, en el Pace Institute of New York; posteriormente, decidió prepararse para sacerdote en el Catedral College of New York.  Regresó a Costa Rica e ingresó en el Seminario Mayor de la Iglesia Católica, donde luego de estudiar durante un mes, abandonó su vocación de sacerdote e ingresó al Liceo de Costa Rica, donde concluyó su bachillerato en Secundaria.

 

            Para continuar sus estudios, ingresó a la Escuela de Derecho y, en 1933, obtuvo el título de licenciado en Derecho.

 

            Su vida política en la universidad lo llevó, en 1930, a la presidencia de la primera Federación de Estudiantes Universitarios de Costa Rica.

 

            En 1937, la Universidad de Costa Rica le otorgó el cargo de profesor y así inició su carrera como docente, impartiendo clases en Economía política.  Su formación autodidacta le mereció transitar durante quince años en dicha labor.

 

            Asimismo, fue fundador y presidente del grupo Acción Demócrata, en 1943; formó parte de la Comisión Jurídica Ejecutiva del Movimiento Nacional de Defensa Cívica, en 1947; el 15 de setiembre de ese mismo año, planteó las primeras ideas del Plan de ahorro y capitalización, conocido posteriormente como Plan Martén; además, fundó la Oficina de coordinación económica, de la cual fue su director general (1949 a 1961); de esta manera dio origen al movimiento social obrero-patronal más grande de Costa Rica:  el solidarismo.

 

            Según una publicación de la Unión Solidarista, su objetivo era:  "Trabajar por la armonía y cooperación de patronos y trabajadores dentro de un espíritu de solidaridad, a fin de lograr el aumento de la producción y su equitativo reparo dentro de las normas de eficiencia económica y justicia social".

 

            Posteriormente, en 1949, estableció las bases filosóficas del movimiento, permitiendo que este se desarrollara sobre principios firmes y estables.

            El mérito del Lic. Martén Chavarría consiste en haber ideado una fórmula para que la solidaridad pudiera encontrar una vía de realización dentro de la empresa.  Vivir en un sistema solidario es captar lo que mejor fomenta la producción, lo que democratiza el capital y satisface las aspiraciones o necesidades de empresarios y trabajadores.  La filosofía del solidarismo es hermandar a la clase trabajadora con los sectores empresariales.

 

            Uno de los postulados del solidarismo es que el capital y el trabajo, el patrono y el trabajador deben unirse para juntos incrementar la producción y mejorar las condiciones socioeconómicas de los trabajadores.

 

            En Costa Rica, el solidarismo tuvo su origen en una experiencia netamente costarricense; diseñada, impulsada y consolidada por don Alberto Martén, y basada en el concepto del humanismo solidario que señala la doctrina social de la Iglesia.  Como antecedentes están las reformas sociales de 1940-1943; se estableció que los recursos de la asociación solidarista provendrían de dos fuentes principales:  el ahorro mensual de los trabajadores que, según la Ley, podría ser entre el tres por ciento (3%) y el cinco por ciento (5%), y un aporte mensual de la empresa, cuyo porcentaje se pacta entre esta y los trabajadores.

 

            El solidarismo no tiene compromisos políticos, partidistas, religiosos ni ideológicos, pero anima a sus integrantes a apoyar y fortalecer la democracia. Pretende convertir la empresa capitalista o burguesa en una institución ético-económica, en cuyo seno se produzca eficientemente y se distribuya con equidad; se propone unir, sólida y fraternalmente, tanto a patronos como trabajadores, para que ayudándose mutuamente logren un mayor bienestar, al obtener una elevada producción y un equitativo reparto.  Asimismo, se propone cooperar en el mejoramiento de las relaciones para que pueda enfrentar, más fuertemente, las doctrinas que incitan al odio, la lucha de clases y conducen a la servidumbre; para que se comprenda que en la defensa de la empresa se están defendiendo los intereses de cada asociado y que los verdaderos enemigos de los trabajadores y patronos son la pobreza y la ignorancia.

 

            Para el solidarismo, el hombre es un ser en familia y para la familia.  Une, en su labor de capacitación y en la acción de gestión de las asociaciones, al trabajador y a la empresa, entendida esta como una comunidad humana; a la familia y la sociedad en el logro del bien común.  Además, presta gran atención a la formación espiritual y cívica del trabajador, porque considera que él, antes de ser productor, es una persona.

 

            El solidarismo funciona con la representación paritaria de representantes empresariales y dirigentes solidaristas en todos los órganos de dirección, así como con el aporte económico equitativo y proporcional de unos y otros.  Este movimiento se ha trasladado del sector industrial y comercial al agrícola, del sector privado al público y de Costa Rica, que fue el primer país que lo impulsó y puso en práctica, a El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Colombia y Venezuela.

            La promulgación de la Ley de Asociaciones Solidaristas, en 1984, ha otorgado al solidarismo los mismos derechos y prerrogativas legales de los otros movimientos sociales como el cooperativismo y el sindicalismo democrático.  Actualmente, junto a su promulgación, está en la etapa de profundización doctrinaria y de renovación técnica y administrativa, para lo que cuenta con el gran impulso del Movimiento Solidarista Costarricense.

 

            Lo anterior no hubiera sido posible, de no haber sido por la visión del licenciado Alberto Martén Chavarría, quien es el fundador de este gran Movimiento iniciado en 1947, como una solución a los problemas obrero-patronales derivados al promulgarse el Código de Trabajo.  En 1948 participó en la guerra civil como segundo comandante en jefe del Ejército de Liberación Nacional, comandado por José Figueres Ferrer, y como oficial del Estado Mayor.

 

            Como funcionario público tuvo una amplia carrera: director del Registro Judicial, dependencia del Ministerio de Justicia; ministro de Economía y Hacienda (1948); embajador extraordinario y plenipotenciario; jefe del Departamento Legal del Instituto Nacional de Seguros; asesor jurídico de la Junta Directiva del Instituto Nacional de Electricidad y magistrado suplente de la Corte Suprema de Justicia.

 

            Su trabajo en la Universidad de Costa Rica, como docente e insigne investigador en el campo de la Economía política, lo llevó a fundar, en 1953, la Escuela de Economía Política Alberto Martén.

 

            Su vocación de periodista lo llevó a fundar, primero, el Semanario Acción Demócrata y, en 1954, el periódico mensual La Unión, órgano oficial del Movimiento Solidarista, publicado posteriormente en forma quincenal.

 

            En cuanto a su producción intelectual, esta ha sido prolífera.  En 1944 escribió su primer libro:  “Principios de Economía política”; en 1951, “Teoría metafísica del dinero” y posteriormente escribió múltiples ensayos, folletos, artículos periodísticos, tales como:  “Democracia política y democracia económica” (1947); “Solidarismo y racionalización:  Un sistema de garantías económicas(1948); “El consumismo vencido” (1952), y sus últimos libros han sido:  “La alternativa social:  garantías económicas o sangre” (1977) y "La capitalización universal” (1984).

 

            Podría escribir páginas y páginas para describir la trayectoria intelectual, docente, humanista y política de este extraordinario costarricense; sin embargo, su obra es el solidarismo costarricense y su sueño hecho realidad se encuentra en cada una de las 1 800 asociaciones en todo el país; su fortaleza se encuentra en los 75 000 mil millones de colones de producción y ahorro que administran, y en los más de 300 000 mil trabajadores que lo disfrutan.

 

            Por lo anterior, someto a la consideración de los señores diputados y de las señoras diputadas, el siguiente proyecto de acuerdo:

 

LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA

ACUERDA:

 

 

DECLARATORIA DE BENEMERITAZGO DE LA PATRIA

AL LICENCIADO ALBERTO MARTÉN CHAVARRÍA

 

 

ARTÍCULO ÚNICO.-       Declárase, benemérito de la Patria, al licenciado Alberto Martén Chavarría, fundador del Movimiento Solidarista Costarricense.

 

            Rige a partir de su aprobación.

 

 

 

 

Ricardo Toledo Carranza

DIPUTADO

 

 

 

 

 

4 de julio de 2005.-

 

 

 

 

NOTA:  Este proyecto pasó a estudio e informe de la Comisión

                        Permanente Especial de Honores.