ACTA DE LA SESIÓN PLENARIA N.º 002

SÁBADO 1 DE MAYO DE 2010

PRIMER PERÍODO DE SESIONES ORDINARIAS

PRIMERA LEGISLATURA

 

 

DIRECTORIO

 

 

Luis Gerardo Villanueva Monge

PRESIDENTE

 

 

 

Mireya Zamora Alvarado                                                          Ileana Brenes Jiménez

PRIMERA SECRETARIA                                                         SEGUNDA SECRETARIA

 

 

DIPUTADOS PRESENTES

 

Acevedo Hurtado, Juan Bosco

Mendoza García, Juan Carlos

Acuña Castro, Yolanda

Mendoza Jiménez, Luis Fernando

Aiza Campos, Luis Antonio

Molina Rojas, Fabio

Alfaro Murillo, María de los Ángeles

Monestel Contreras, Martín Alcides

Alfaro Zamora, Óscar Gerardo

Monge Pereira Claudio Enrique

Angulo Mora, Jorge Alberto

Muñoz Quesada, Carmen María

Araya Pineda, Edgardo

Ocampo Baltodano, Christia María

Arias Navarro, Gustavo

Orozco Álvarez, Justo

Avendaño Calvo, Carlos Luis

Oviedo Guzmán, Néstor Manrique

Bejarano Almada, Gloria

Pérez Gómez, Luis Alfonso

Brenes Jiménez, Ileana

Pérez Hegg, Mirna Patricia

Chacón González, Francisco

Pinto Rawson, Rodrigo

Chavarría Ruiz, Ernesto Enrique

Porras Contreras, José Joaquín

Chaves Casanova, Rita Gabriela

Pilar Porras Zúñiga

Céspedes Salazar, Walter

Quintana Porras, Damaris

Cubero Corrales, Víctor Danilo

Rodríguez Quesada, José Roberto

Enríquez Guevara, Adonay

Rojas Valerio, Luis Alberto

Espinoza Espinoza, Xinia María

Ruiz Delgado, María Jeannette

Fishman Zonzinski, Luis

Saborío Mora, Annie Alicia

Fonseca Solano, María Julia

Sotomayor Aguilar, Rodolfo

Fournier Vargas, Alicia

Venegas Renauld, María Eugenia

Gamboa Corrales, Jorge Alberto

Venegas Villalobos, Elibeth

Gómez Franceschi, Agnes

Villalobos Arguello, Elvia Dicciana

Carlos Humberto Góngora Fuentes

Villalta Flores-Estrada, José María

Granados Calvo, Víctor Emilio

Villanueva Monge, Luis Gerardo

Granados Fernández, Carmen María

Víquez Chaverri, Víctor Hugo

Hernández Cerdas, Víctor

Zamora Alvarado, Mireya

Hernández Rivera, Manuel

Zúñiga Chaves, Guillermo Emilio

Martín Salazar, Viviana

 

 

ÍNDICE

 

EL PRESIDENTE LUIS GERARDO VILLANUEVA MONGE: 4

Se abre la sesión a las dieciocho horas y cincuenta y un minutos. 4

 

MENSAJE CONSTITUCIONAL DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA  5

DOCTOR ÓSCAR ARIAS SÁNCHEZ, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA: 5

 

LA PRESIDENTA AD HOC MIREYA ZAMORA ALVARADO: 18

 

EL PRESIDENTE LUIS GERARDO VILLANUEVA MONGE: 18

Se levanta la sesión a las veinte horas con veintinueve minutos. 21

 

 


 

EL PRESIDENTE LUIS GERARDO VILLANUEVA MONGE:

 

            Con cuarenta y seis diputados presentes, al ser las dieciocho y cincuenta y un horas, se da inicio a la sesión.

 

            Les ruego a las señoras diputadas y a los señores diputados ponerse de pie para recibir a los invitados especiales.

 

            Las señoras diputadas Chaves Casanova y Bejarano Almada se servirán recibir al excelentísimo Arzobispo de San José.

 

            El señor diputado Góngora Fuentes y la señora diputada Acuña Castro se servirán recibir al excelentísimo Cuerpo Diplomático.

 

            El señor diputado Víquez Chaverri y la señora diputada Venegas Renauld se servirán recibir a la señora Defensora y al señor Defensor Adjunto de los Habitantes.

 

            La señora diputada Alfaro Murillo y el señor diputado Sotomayor Aguilar se servirán recibir a la señora Procuradora General de la República.

 

            El señor diputado Mendoza Jiménez y la señora diputada Ruiz Delgado se servirán recibir a la señora Contralora y a la señora Subcontralora General de la República.

 

            Los señores diputados Avendaño Calvo y Orozco Álvarez se servirán recibir al señor presidente del Tribunal de Elecciones, magistrado Luis Antonio Sobrado González, a las señoras magistradas y a los señores magistrados.

 

            Los señores diputados Granados Calvo y Villalta Florez-Estrada se servirán recibir a la señora presidenta en ejercicio de la Corte Suprema de Justicia, magistrada Zarella Villanueva Monge; a las señoras magistradas y a los señores magistrados.

 

            Los señores diputados Mendoza García y Céspedes Salazar se servirán recibir a las señoras ministras y a los señores ministros de Gobierno.

 

            La señora diputada Martín Salazar y el señor diputado Cubero Corrales se servirán recibir al señor presidente de la República, doctor Óscar Arias Sánchez.

 

            Vamos a recibir el Pabellón Nacional y entonar el Himno Nacional.

 

            Podemos sentarnos.

 

            Vamos a darle el uso de la palabra al señor presidente de la República, doctor Óscar Arias Sánchez, quien nos ofrecerá su mensaje.

 

MENSAJE CONSTITUCIONAL DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA

 

DOCTOR ÓSCAR ARIAS SÁNCHEZ, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA:

 

            Señor Presidente, señoras y señores diputados, por última vez acudo a este altar democrático a entregar la ofrenda de la política.  Mi voz es un cesto colmado de frutos maduros, que hoy deposito con humildad a los pies del pueblo costarricense.  Llegada la hora de la cosecha, vengo ante ustedes con promesas convertidas en obras y palabras trocadas en alegrías.

 

            Fue sabio el constituyente al disponer que este mensaje sea pronunciado por un presidente a pocos días de abandonar el poder, frente a un parlamento a pocas horas de haberlo asumido.

 

            De esta manera las lecciones aprendidas no mueren en los polvorosos senderos del olvido, sino que renacen bajo la custodia de quienes habrán de regir los destinos de nuestra nación. 

 

            Este acto es una clavija entre los eslabones del tiempo, un empalme entre los vagones del pasado y el futuro de Costa Rica.  Desde este grial de la democracia, en que coincidimos los que fuimos y los que serán, los saludo con el corazón agradecido y les doy la bienvenida a la sublime tarea de servir a los demás, una tarea que esconde cardos y espinas, pero que produce mayor satisfacción que ninguna otra labor en nuestras vidas.

           

            Hoy hago entrega de una Costa Rica distinta a la de hace cuatro años, una Costa Rica que ha recuperado el rumbo y la ruta, una Costa Rica que abandonó la madriguera del temor y de la apatía para navegar en el mar abierto de la esperanza, hago entrega de una Costa Rica que renunció a ser espectadora de su devenir histórico, que tras solo derroteros de su travesía y dejó de posponer indefinidamente el momento de su alborada.

 

            Hago entrega de una Costa Rica que despertó a la luz de un nuevo día, cuatro años es poco tiempo para hacer transformaciones profundas, pero fue suficiente para lograr el cambio más urgente que necesitaba Costa Rica: un cambio de actitud.  Ni el abandono de la infraestructura, ni la indecisión en torno a la apertura comercial, ni la sujeción a monopolios públicos obsoletos, ni la falta de planificación nacional, ni la incongruencia de la política exterior, ni el desconcierto en la ayuda social, ninguno de estos retos era más acuciante cuando llegamos al poder, que el amargo derrotismo que se había apoderado de la población costarricense.

 

No hay visión más triste que la de un pueblo que pierde la fe.  Ninguna política puede germinar en un terreno que no recibe el abono de los sueños.  Es por eso que el retorno de la confianza es el principal fruto que hoy ofrendo.

 

Los costarricenses han vuelto a creer en la política, han vuelto a creer que el Estado es un aliado, y no sólo un gendarme en la marcha hacia un futuro más digno para todos, han vuelto a creer que es posible generar, desde la función pública, las condiciones propicias para atravesar las puertas del desarrollo, han vuelto a creer que este país no necesita favores, sino tan sólo una oportunidad para explotar su inmenso potencial.  Han vuelto a creer y eso es producto de la coherencia entre las obras de Gobierno y las promesas de campaña.  No llegamos al poder a improvisar, sino a cumplir un mandato nacido del voto de la mayoría.

 

Como demócratas, pusimos el Programa de Gobierno en la base de un Plan Nacional de Desarrollo que devolvió el pensamiento estratégico a nuestra política pública y cristalizó la voluntad expresada por el pueblo en las urnas. 

 

Hoy entrego los frutos de cada uno de los ejes de ese Plan: del eje de Política Social, del eje de Política Productiva, del eje de Política Ambiental, Energética y de Telecomunicaciones, del eje de Reforma Institucional y del eje de Política Exterior.  Estoy consciente de que todo resumen es también una omisión, y que la obra de estos cuatro años es mucho más vasta de lo que soy capaz de enumerar.  Pero también creo que un buen gobierno se describe con pocas palabras.

 

Entrego esta noche los frutos del eje de Política Social, la columna vertebral de esta Administración y el orgullo de todos los que creemos que la justicia no se predica, sino que se practica.  Es muy fácil hacer discursos sobre la solidaridad.  Es muy fácil ondear la bandera de la conciencia social y etiquetar a los demás con epítetos que van desde lo anecdótico hasta lo ofensivo.  Lo que es difícil es construir oportunidades concretas para las personas que más lo necesitan.

 

Lo que es difícil es diseñar mecanismos viables para elevar las condiciones de vida de cientos de miles de seres humanos, eso es hacer política pública, lo demás, es hacer proclamas vacías.

 

No soy yo quien dice que la prioridad de este Gobierno ha sido ayudar a las personas más pobres de nuestra sociedad, lo dice el Presupuesto de la República.  Lo dice cada uno de los programas que mantuvimos, aun en medio de una devastadora crisis económica internacional.

 

Nunca en la historia de Costa Rica un gobierno había dedicado tantos recursos a las políticas sociales.  Aquellos que se apresuraron a tacharnos de neoliberales harían bien en investigar cuál gobierno neoliberal en el mundo destina la mitad de su presupuesto al gasto social, porque, a la hora de la verdad, fuimos nosotros quienes estuvimos al lado de los más humildes y de los más vulnerables.

 

Este Gobierno rompió los diques de muchos años de pobreza estancada.  A la mitad de nuestro mandato logramos una disminución en la cifra de pobreza de tres coma cinco puntos porcentuales.

 

La crisis económica revirtió parte del avance que habíamos realizado y nos obligó a hacer esfuerzos colosales para evitar un deterioro social, como el que sufrieron otros países no solo en América Latina, sino también en el mundo.

 

Hoy puedo decir, con orgullo, que las medidas contenidas en el Plan Escudo evitaron que la pobreza aumentara en tres puntos más de lo que aumentó en el último año. 

 

Con todo y la crisis internacional, hoy entrego un país que ha reducido en uno coma siete puntos el porcentaje de personas que viven bajo la línea de pobreza.  Esta reducción es consecuencia de una sumatoria de factores, es consecuencia de que casi ciento sesenta y seis mil jóvenes costarricenses disfruten hoy de una beca del Programa Avancemos.   Es consecuencia de que más de noventa mil personas reciban una pensión del Régimen no Contributivo de la Caja Costarricense de Seguro Social, cuyo monto es cuatro veces mayor que al inicio de esta Administración.

 

Es consecuencia de que la mitad de las personas que habitaban en tugurios en Costa Rica, más de diecinueve mil familias, hayan recibido atención a través de bonos de vivienda o de la innovadora herramienta de los bonos comunales.

 

            Todos estos son logros tangibles e inmediatos en la lucha contra la pobreza, pero ninguno es más importante, al largo plazo, que los avances que hemos alcanzado en materia educativa.  La sostenida reducción de la deserción escolar y colegial es la mejor noticia para las generaciones del día de mañana.

 

Gracias a la combinación de ayudas monetarias y cambios en los términos de evaluación, promoción y repitencia, hemos logrado elevar la cobertura bruta de la educación secundaria diversificada de un sesenta y seis por ciento en el año 2006 a un setenta y siete por ciento en el año 2009.

 

El porcentaje de jóvenes que estudian y no trabajan aumentó diez puntos porcentuales en el curso de esta Administración, permitiendo que miles de estudiantes se dediquen exclusivamente a aprender.

 

            En estos cuatro años logramos dignificar la labor docente, aumentando los salarios de nuestros maestros y profesores hasta llevarlos, en algunos casos, al doble de lo que eran en el año 2006.  Hemos mejorado el sistema de capacitación docente y hemos triplicado a la inversión en infraestructura educativa, porque sabemos que llevar a nuestros estudiantes a las aulas es sólo parte del problema.  Si nuestros jóvenes no aprenden ahí de las herramientas necesarias para desenvolverse en el mundo, si no cuentan con las condiciones aptas para desarrollar plenamente su potencial, entonces hacerlos pasar por la educación secundaria no es más que un simple requisito formal.  De ahí la importancia de los cambios que hemos introducido en materia de pensamiento lógico, educación cívica y computación, y de los avances que hemos realizado a través de la iniciativa Costa Rica Multilingüe, que hoy nos ubica en la vanguardia de la enseñanza de idiomas en Latinoamérica.

 

            Fuimos el primer Gobierno en la historia en cumplir con el mandato de destinar el seis por ciento del producto interno bruto a la educación pública, desde el principio de esta Administración.  Este año destinaremos el siete coma dos por ciento.  Menoscabar la labor realizada, en nombre de una reforma constitucional imposible de alcanzar sin la aprobación de nuevos impuestos, no es más que demagogia y estrechez de miras.  A estas alturas, nuestro país debería saber que el progreso no se alcanza con promesas lanzadas al viento ni con pactos de caballeros, sino con trigo en los graneros y pan sobre la mesa.  Este Gobierno tuvo muy claro que lo perfecto es enemigo de lo posible, y por eso hemos cosechado resultados y no sólo buenas intenciones.

 

            También ha sido pródiga la faena en el campo de la salud, en el que logramos récords en los índices de mortalidad infantil, mortalidad materna y esperanza de vida. Disminuimos la incidencia de enfermedades como el dengue y la malaria. Reforzamos la medicina preventiva a través de ejemplares campañas de vacunación.  Modernizamos la institucionalidad que rige el sistema de salud.  Realizamos un manejo integral de los desechos sólidos, entre otras cosas, clausurando Río Azul, en el proyecto de reconversión ambiental más exitoso de América Latina, en los últimos años. Recuperamos la construcción de alcantarillados y alcanzamos un nivel histórico en la cobertura y la calidad del agua para consumo humano.  Resucitamos los Juegos Nacionales, presentamos un proyecto de ley para crear el Ministerio del Deporte, iniciamos la construcción del Parque de la Libertad y el Parque del Bicentenario, y gracias a la generosidad del pueblo chino, en pocos meses contaremos con el nuevo Estadio Nacional, el mejor de toda la región centroamericana.

 

Además, construimos, ampliamos o remodelamos casi un centenar de Cen-Cinais.  Construimos el nuevo Hospital de Heredia y el nuevo Hospital de Osa.  Ampliamos sustancialmente el Hospital de las Mujeres y construimos un “Hospital del Día” en el Hospital Blanco Cervantes.  Entregamos a las comunidades casi cien nuevos Ebais.  Y todo esto fue posible, en gran medida, gracias a que nos comprometimos a cancelar el monto de ciento ochenta y cinco mil millones de colones, que el Estado le adeudaba a la Caja Costarricense de Seguro Social.  Al día de hoy hemos pagado más de la mitad de esa deuda histórica, y hemos previsto un sistema de pagos anuales para cancelar el monto total en el transcurso de los próximos años.

 

La Costa Rica que hoy entregamos es una Costa Rica más sana, y es también una Costa Rica más capaz de luchar con el creciente desafío de la inseguridad.  Excedimos nuestro compromiso de campaña y hoy más de cuatro mil quinientos nuevos oficiales protegen la vida y la integridad de nuestros ciudadanos.  Aumentamos el presupuesto del Ministerio de Seguridad en un ciento sesenta y cinco por ciento, y fortalecimos a la Fuerza Pública con salarios competitivos, mejor infraestructura, equipo moderno y una nueva flota vehicular.  Desarticulamos peligrosas narcobandas y decomisamos más de cien toneladas de cocaína. Impulsamos una reforma legal integral para combatir el terrorismo y la delincuencia organizada, y para proteger a las víctimas y los testigos del proceso judicial.  Dimos una lucha sin cuartel contra la corrupción a lo interno de la policía y recuperamos la confianza de los costarricenses en la Fuerza Pública, con una presencia mucho mayor en los barrios y en todas las ciudades. Además, hoy contamos con tribunales especializados que condenan sin dilaciones a los delincuentes detenidos en flagrancia.

 

            Combatir la inseguridad ciudadana no es tarea rápida ni sencilla.  Es una labor asediada en cada flanco por el populismo, que siempre ve en el temor una oportunidad para el rédito político.  Este Gobierno resistió las voces de quienes le pedían mano dura.  En lugar de promover una cultura de odio y de venganza, promovimos desde el principio una cultura de paz, y es por eso que rebautizamos al Ministerio de Justicia para llamarlo Ministerio de Justicia y Paz. Estoy convencido de que hemos sentado las bases para una Costa Rica más segura y más tranquila, y que los próximos años demostrarán que fuimos sabios al no sacrificar, en la pira de la urgencia, los valores más sagrados de nuestra democracia.

 

            Al final del camino, la verdadera lucha por la seguridad es la lucha que se libra contra la pobreza, contra la exclusión, contra el cinismo y contra la frustración. La criminalidad en Costa Rica no será derrotada a golpe de macana, sino con la paciente construcción de un país capaz de brindar a cada individuo la oportunidad de realizarse en libertad.  He mencionado ya los logros sociales que hacen posible esa realización, pero me falta uno particular: el logro de un país inundado de arte y de cultura.

 

            Este Gobierno liberó las musas y apaciguó la sed del alma. Hoy contamos con treinta y dos escuelas de música, que le enseñan a casi siete mil  alumnos a sostener el arco de un violín, en lugar del cañón de un arma; a levantar la voz para cantar, y no para gritar; a seguir las instrucciones del director de una orquesta, y no del líder de una banda criminal. 

 

Nos hemos dedicado al rescate y la construcción de infraestructura cultural en las diferentes provincias, y a pocos metros de aquí, puede verse el producto de ese esfuerzo, en el nuevo Centro para las Artes y la Tecnología La Aduana.  El Festival Internacional de las Artes, los diversos festivales celebrados en las provincias costeras, los conciertos de las orquestas juveniles, el Teatro al Mediodía, han vestido de fiesta a Costa Rica.

 

            La inversión que hemos realizado en la lucha contra la pobreza, en educación, en salud, en seguridad, en cultura, ha significado un esfuerzo fiscal considerable.  Para enfrentar la mayor crisis de los últimos ochenta años, la receta que recomendaron los expertos y los organismos internacionales fue gastar más, todo lo contrario de lo que se hizo en la Gran Depresión de 1929, eso fue, precisamente, lo que hizo este Gobierno. 

 

            Esta noche quiero garantizarles que gastamos con conciencia y con inteligencia.  Heredamos a la próxima administración un déficit fiscal menor al cinco por ciento del producto interno bruto, menos de la mitad del déficit fiscal de Estados Unidos y una tercera parte del que posee el Reino Unido.  Heredamos una hacienda pública saludable, pero, sobre todo, heredamos una sociedad mucho más capaz de producir riqueza en los próximos años.

 

            De nada le sirve a un país guardar dinero, mientras sus jóvenes abandonan las aulas, mientras sus niños carecen de la alimentación necesaria, mientras sus familias se desintegran en los tugurios y las barriadas, y engrosan las filas de la criminalidad.  De nada le sirve a un país ahorrar en los elementos determinantes de su competitividad.  Esta noche les digo, con toda certeza, que la deserción escolar, la desnutrición infantil, la enfermedad de nuestra fuerza laboral, la inseguridad ciudadana, el rezago en la construcción de obra pública, son quebraderos de cabeza mucho peores que un déficit fiscal controlado y menor del que tienen los países desarrollados.  Hemos gastado responsablemente y logramos combinar, junto con nuestra política social, un impulso decisivo a la producción nacional. 

 

            El segundo eje, cuyos frutos hoy presento ante el pueblo de Costa Rica, es el eje de Política Productiva.  Más allá de las obras visibles que hemos cosechado en esta área, creo que el logro principal de nuestra economía durante estos cuatro años fue el haber enfrentado con éxito las consecuencias de la crisis internacional.  En Costa Rica no cerró ninguna empresa grande, no quebró ningún banco privado o estatal, no se desató la ola de desahucios que despojó de su vivienda a millones de personas en el resto del mundo.  El desempleo aumentó, pero muy poco, la recaudación fiscal bajó, pero ya comienza a recuperarse.

 

            Las exportaciones cayeron, pero su crecimiento durante el primer trimestre de este año ha sido excepcional.  El Plan Escudo ha sido catalogado como el programa más exitoso de Latinoamérica para enfrentar la crisis económica.  Estoy convencido de que el daño que evitamos es tan importante como el bien que hicimos.  El manejo macroeconómico de nuestro país nos permitió mejorar nuestra calificación como deudores a nivel internacional y tener acceso a créditos indispensables para nuestro desarrollo.  Nos permitió, además, manejar una política monetaria capaz de controlar la inflación, que el año pasado llegó a la cifra más baja desde 1971.

 

            Este Gobierno mejoró radicalmente la recaudación fiscal, llevando los ingresos del Estado a niveles sin precedentes, y alcanzando una carga tributaria que en el 2008 fue de un quince coma cuatro por ciento del producto interno bruto.  En ausencia de una reforma fiscal, lograr una disponibilidad de recursos como la que garantizó nuestro Ministerio de Hacienda, es algo bastante parecido a un milagro.

 

            Pero de nada habría servido el esfuerzo de nuestras instituciones si no hubiéramos contado con un crecimiento económico capaz de traer recursos a las arcas del Estado, y ese crecimiento económico dependía de que nuestro país comprendiera su lugar en el mundo y en la historia, y abrazara, sin ambages, la apertura comercial.

 

            Cuando asumimos el poder, nada era más elocuente de la parálisis a la que había llegado Costa Rica, que la situación del Tratado de libre comercio con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, un documento que había sido negociado hábilmente por nuestras autoridades de comercio exterior, que permitía el libre acceso de nuestros productos al mercado más grande del mundo, que garantizaba la atracción de una mayor inversión extranjera directa, esperaba el paso de un cometa para ser aprobado.  Algunos pensaban que era mejor no discutir el TLC por miedo a perturbar la paz social de Costa Rica, pensaban que era mejor esperar eternamente a que se aclararan los nublados del día.

 

            Pero la paz social no se protege rehuyendo las decisiones polémicas. La paz social no se protege evadiendo el debate sobre los temas de interés nacional, la paz social se protege fomentando un diálogo franco y sensato, cultivando la madurez para divergir sin acudir al irrespeto y a la violencia.  Costa Rica tenía que pasar por ese bautizo, tenía que decidir porque no podía continuar dándole largas al porvenir. 

 

            La discusión y aprobación del TLC y de la agenda de implementación fue la tarea más desgastante que asumió este Gobierno y, quizás, también, la más importante. Gracias a ese debate nacional hoy Costa Rica tiene claro hacia dónde va, gracias a esos meses de difícil tensión política, nuestro pueblo sacudió la herrumbre de sus engranajes.

 

            La entrada en vigencia del TLC y el rompimiento de los monopolios de seguros y telecomunicaciones, fueron la antesala para un proceso de sorprendente expansión comercial, que nos ha llevado a conquistar mercados que, juntos, suman más de dos mil millones de consumidores.

 

Hoy, contamos con un TLC con Panamá y hemos firmado otros dos con China y Singapur. Negociamos un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, y hemos profundizado nuestras relaciones comerciales con socios estratégicos en Latinoamérica y en el mundo árabe.

 

La inversión extranjera directa se disparó durante este Gobierno, alcanzando casi dos mil millones de dólares en el año 2008.  Incluso, el año pasado, con el drástico descenso en el ingreso de capital, recibimos mil trescientos millones de dólares en inversión extranjera, un cincuenta y cuatro por ciento más de lo que recibíamos antes de esta Administración.

 

La reciente reforma a la Ley de zonas francas, aprobada en este Congreso, consolida los logros en esta materia y nos permite continuar por la senda que le dará a la juventud costarricense los empleos de calidad que merece y necesita.

           

Desde el año 2006, nuestro país ascendió trece puestos en el Índice Global de Competitividad, elaborado por el Foro Económico Mundial, con notables avances en los subíndices de competitividad turística y competitividad tecnológica. Esto último se lo debemos, en parte, a la estrategia de gobierno digital, con la que agilizamos el trámite de licencias y pasaportes, pusimos en marcha un moderno sistema de compras públicas electrónicas y logramos implementar, finalmente, la firma digital.

           

Hemos luchado, en el ámbito productivo, por alcanzar una mayor democracia económica, creando el Sistema de Banca para el Desarrollo, fortaleciendo el programa de apoyo a la micro y mediana empresa y presentando a este Congreso el proyecto para darle rango constitucional al movimiento solidarista. Junto con esto, hemos dado un impulso decidido a la agricultura nacional.

 

A pesar de los desvaríos de quienes afirmaron que este gobierno quería dañar a los agricultores costarricenses, aumentamos en un trescientos por ciento los recursos destinados al sector agrícola.

 

A pesar de los desvaríos de quienes dijeron que queríamos poner en riesgo la seguridad alimentaria de Costa Rica, pusimos en marcha un plan nacional de alimentos que rescató la capacidad productiva de nuestra agricultura, y permitió abastecer a nuestra población en momentos de crisis alimentaria. Junto con esto, fortalecimos a la industria turística y dimos un impulso histórico al turismo rural, promoviendo la generación de riqueza en las zonas más alejadas de nuestro país.

           

Como ustedes saben, estos esfuerzos para promover la producción nacional requerían que Costa Rica solventara décadas de rezago en la construcción y el mantenimiento de su infraestructura.

 

En estos cuatro años, hemos aumentado en más de cinco veces la inversión en obra pública, llevándola del cero coma cuatro por ciento del producto interno bruto, en el 2005, al dos coma quince por ciento el año pasado. Atendimos más de quinientos kilómetros de carretera, y más de novecientos cincuenta kilómetros de caminos de lastre, mejorando las condiciones de vida de la población rural.

 

Iniciamos la reconstrucción del pueblo de Cinchona, inauguramos la Costanera sur, reactivamos el tren a Heredia y promovimos la aprobación de la Ley de tránsito que, con todos sus errores, es el esfuerzo más grande que Costa Rica ha hecho en años, en muchos años, por preservar la vida en sus carreteras.

 

Desde la campaña política, insistí en que nuestro Estado no iba a ser capaz de realizar toda la obra necesaria en infraestructura, sin ayuda de herramientas como la concesión de obra pública. Eso fue lo que nos permitió construir la nueva autopista San José-Caldera, ampliar el aeropuerto Juan Santamaría y mejorar radicalmente la eficiencia del puerto de Caldera. Esa es la ruta que debe seguir el puerto de Limón, que está listo para convertirse en un puerto de clase mundial.

           

Estamos conscientes de que la competitividad de Costa Rica depende del estado de su infraestructura, pero depende también y cada vez más de su capacidad de innovación y de su apoyo a la ciencia y la tecnología.

 

Los más de doscientos setenta centros comunitarios inteligentes que hemos abierto en todos los cantones del país, son más de doscientos setenta portales hacia un futuro mejor para nuestros habitantes. Ahí, donde las amas de casa, los adultos mayores, los niños de escuela, los agricultores, los pequeños empresarios, pueden acceder gratuitamente a una computadora con conectividad, descansa una prueba del portento de la tecnología como instrumento para reducir las brechas que dividen a nuestra sociedad.

 

Y, en esa misma dirección, se encaminan los logros alcanzados en el eje de Política Ambiental, Energética y de Telecomunicaciones, el tercer eje cuyos frutos hoy vengo a entregar.

           

Empecemos por el ambiente, y empecemos por decir que la obra de este gobierno en materia ambiental va mucho más allá de un proyecto específico o una decisión particular.

 

Este fue el  gobierno que fijó la meta de alcanzar el año 2021 como un país neutral en emisiones de carbono.  Este fue el Gobierno que plantó casi diecinueve millones de árboles en el transcurso de cuatro años, consiguiendo que Costa Rica se convirtiera en el país con más árboles per cápita y por kilómetro cuadrado en el mundo. Este fue el  gobierno que logró que Costa Rica avanzara veintisiete puntos en el ranking de sostenibilidad ambiental del Foro Económico Mundial, y que alcanzara el puesto número tres en el orbe en desempeño ambiental. Este fue el gobierno que otorgó protección a los recursos marinos, secularmente desatendidos por nuestras autoridades públicas. Este fue el gobierno que se negó a permitir la exploración petrolera en nuestro territorio. Este fue el Gobierno que lanzó Paz con la  Naturaleza y Costa Rica por Siempre, dos iniciativas que son ya una marca en el ámbito internacional.

 

Todas estas acciones sumadas constituyen la más ambiciosa agenda ambiental que hasta ahora haya asumido en toda su historia Costa Rica.

 

Ninguna nube pasajera, ninguna niebla política, habrá de borrar la huella verde que hemos dejado sobre nuestra tierra.  Esa huella verde se manifiesta, también, en la forma en que hemos invertido en la generación de energía sostenible, una tarea verdaderamente abandonada por las administraciones anteriores.

 

            En estos cuatro años, aumentamos en diecinueve por ciento la capacidad instalada de generación eléctrica en Costa Rica, e iniciamos la construcción de obras de gran magnitud que permitirán dar sostenibilidad a nuestro crecimiento económico en los próximos años.

 

            Volvimos a alcanzar el noventa y cinco por ciento de generación de energía eléctrica sostenible, en parte gracias al aprovechamiento de fuentes alternativas de energía renovable, como la energía eólica y la energía geotérmica.  Fortalecimos, con recursos y un nuevo marco jurídico, al Instituto Costarricense de Electricidad, preparándolo para enfrentar la competencia.

 

Este gobierno, que algunos acusaron de querer destruir al ICE, llevó la inversión en telecomunicaciones y electricidad de ciento setenta y un mil millones de colones, en el año 2005, a ochocientos treinta y dos mil millones de colones presupuestados para el año 2010; un incremento de un trescientos ochenta y seis por ciento.

 

Este gobierno, que algunos acusaron de querer destruir al ICE, poco menos que triplicó los recursos que la institución destina a pagar salarios para sus funcionarios.  Hoy entregamos un ICE mucho más fuerte y mucho más seguro de lo que era tan solo hace cuatro años.

 

El cuarto eje sobre el que descansa nuestro Plan Nacional de Desarrollo, es el eje de reforma institucional.  Y, precisamente, el Plan Nacional de Desarrollo es un producto del avance que logramos en esta materia.  Antes de este gobierno, la planificación y la evaluación eran palabras de un lenguaje pretérito.  La ausencia de pensamiento estratégico se había apoderado de la función pública, y era virtualmente imposible distinguir las prioridades en medio de una maraña de acciones sin ningún orden de prelación.

 

Lo primero que hicimos fue organizar en sectores nuestra compleja red institucional, señalar a los responsables de cada tarea y establecer prioridades. Promovimos una mejor comunicación entre los ministerios, entre el Poder Ejecutivo y los demás poderes de la República, y entre el Gobierno central y los gobiernos locales.  Todo esto nos permitió enfocar nuestros esfuerzos de manera estratégica, en las áreas más urgentes y en las más trascendentes.  El Ministerio de Planificación ha vuelto a ser una voz audible y necesaria.

 

En estos cuatro años fue gestor, entre otras cosas, del Sistema Nacional de Inversiones Públicas y del Sistema Nacional de Fortalecimiento al Desarrollo Local.  Este gobierno abandonó la inútil práctica de competir con las municipalidades, y se dedicó a asesorarlas y a mejorar su capacidad de gestión pública.

 

La próxima semana, firmaremos la Ley general para la transferencia de competencias y recursos del Poder Ejecutivo a las municipalidades, una ley que me llena de entusiasmo, porque constituye la materialización del único compromiso que no pude cumplir en mi Administración pasada, hoy la vida me da la oportunidad de honrar mi palabra.

 

El último eje cuyos frutos hoy vengo a depositar ante este altar, es el eje de la política exterior, y en este campo todos tenemos razón para sentir orgullo, porque decir Costa Rica en el ágora del mundo, es hoy evocar las mejores causas de la humanidad.

 

Nuestro gobierno dignificó la política exterior, pero, además, le añadió un pragmatismo indispensable. Establecimos relaciones diplomáticas con más de veinte países, incluidos China, Cuba y varias naciones árabes moderadas.

 

Presidimos el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, abrimos cuatro nuevas embajadas, en China, en India, en Qatar y en Singapur.

 

Rectificamos un error histórico al trasladar nuestra embajada en Israel, de Jerusalén a Tel Aviv.  Y fuimos, por sobre todo y antes que nada, defensores inextinguibles de la paz, de la libertad, de la democracia y del desarrollo sostenible.  En cada foro al que acudimos, en cada discurso, en cada entrevista, promovimos el consenso de Costa Rica, el Tratado sobre la transferencia de armas y la paz con la naturaleza, recorrimos el mundo pregonando las verdades más intensas de nuestro credo histórico, y hemos recibido la recompensa de una humanidad que entiende que Costa Rica es algo más que un pedazo de suelo en el centro de Centroamérica, es una idea, es un sueño, es la utopía de una segunda oportunidad sobre la Tierra; una oportunidad para que los seres humanos destierren los fantasmas del odio y de la guerra, para que escojan la vida por sobre cualquier amenaza, y se atrevan, finalmente, a construir la felicidad.

 

            Estos son los rasgos principales de la Costa Rica que hoy ofrendo al escrutinio de la historia, la Costa Rica que hemos puesto a caminar de nuevo.  Quien abandona el poder sabe que no podrá dictar la memoria que perviva de su obra; sabe que no tendrá jurisdicción en el veredicto futuro del pueblo. Sólo la historia realiza el escrutinio definitivo de la obra de un gobierno, y separa aquello que merece el olvido, de aquello que merece el recuerdo.

 

            En el capítulo sexto de El Quijote, del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo, Miguel de Cervantes describe la resolución con que el cura Pero Pérez y el barbero maese Nicolás, condenan al fuego a la biblioteca de Alonso Quijano.  Pero a la hora de revisar los libros que con tanta ligereza habían sentenciado, aquellos hombres se dan cuenta de que eran muchas las obras que se defendían solas, y que nada debe destruirse por pasión, porque quien así lo hiciere se expone a la condena de los siglos.

 

            Yo confío en que las obras que hemos construido permanecerán en la biblioteca del tiempo, y que los curas y los barberos de la posteridad encontrarán en los tomos de estos años mérito suficiente para salvarlos del fuego y salvarlos del olvido.

 

            Señor Presidente, señoras y señores diputados, he cumplido con el sagrado deber de rendir cuentas por la labor realizada, permítanme ahora la oportunidad de cumplir con el mandato constitucional de hablar sobre el estado político de la República, esto es, sobre las condiciones con que cuenta Costa Rica para traducir en obras las intenciones, porque estoy convencido de que el gran reto costarricense durante la próxima década, será un reto de medios y no de fines; será el reto del camino y no del destino; será, en suma, el reto de la política.

 

            En los últimos años hemos permitido que los caminos políticos de Costa Rica se conviertan en una pista de salto de vallas.  Hemos permitido que la oposición, ese pilar de insustituible de la democracia, sea menos una voz que cuestiona, evalúa y critica respetuosamente, y más una voz que ataca y obstaculiza.

 

Hemos permitido que sea válido, o, incluso, encomiable, impedirle a un gobernante que cumpla sus promesas.  Hemos permitido que el control se vuelva un objetivo en sí mismo y no una herramienta para garantizar que las cosas se hagan.

 

Hemos permitido que la rendición de cuentas sea un sustituto de la rendición de resultados, es decir, que sea más importante presentar un informe que hacer un hospital, un centro de arte o una carretera, y esto no beneficia a nadie; no beneficia a la oposición, que, en medio del afán por impedir que se realicen los proyectos que objeta, encuentra poco tiempo para impulsar los proyectos que defiende.

 

No beneficia a las instancias de control, cada vez más abrumadas por una carga de trabajo que dificulta una labor ágil en las áreas estratégicas de supervisión. No beneficia a los gobernantes, que se ven obligados a librar una nueva campaña política por cada proyecto y por cada iniciativa contenida en su Programa de Gobierno, y, sobre todo, no beneficia al pueblo de Costa Rica, que, con los brazos extendidos, aguarda los frutos de nuestra democracia.

 

            Cualquier partido político que aspire a llegar al poder, debería estar interesado en reformar este estado de cosas, porque el día de mañana pueden ser ustedes, pueden ser sus gobiernos, pueden ser sus itinerarios políticos, los que serán obstruidos.  De nosotros depende que, dentro de muchos años, no sea la voz de algún futuro gobernante la que repita en este estrado las mismas palabras que hoy estoy yo pronunciando.

 

            Costa Rica tiene entre sus manos, por primera vez en la historia, la posibilidad de convertirse en una nación desarrollada.  Pero esa posibilidad depende de que sea capaz de construir, también, una cultura política desarrollada, una forma más madura de entender el proceso democrático, porque ninguna nación desarrollada dura cinco años discutiendo un proyecto de interés nacional; ninguna nación desarrollada hace de todo debate político una trama de denuncias penales y expedientes constitucionales; ninguna nación desarrollada permite que sus procesos de control, que son cruciales, sean empleados como coartada para impedir que el Gobierno ejecute sus propuestas.

           

El reto es el camino.  Hacer transitable las vías políticas será trascendental si hemos de lograr, en el transcurso de los próximos años, la reforma fiscal que nuestro Estado desesperadamente necesita, y a la que este gobierno debió renunciar por causa de la crisis internacional, pero, sobre todo, por el desmedido poder de veto con que cuentan las minorías en este mismo Congreso.

 

Hacer transitables las vías políticas será trascendental si hemos de aprobar los cambios legales y constitucionales que delimiten las atribuciones de nuestras instituciones públicas, permitiendo un mejor equilibrio entre las instancias de control y las de ejecución.

 

Hacer transitables las vías políticas será trascendental si hemos de alcanzar la modernización de nuestras jornadas laborales; si hemos de simplificar los trámites que obligan a nuestros inversionistas a peregrinar de ventanilla en ventanilla; si hemos de perfeccionar nuestro proceso de descentralización política y, sobre todo, hacer transitables las vías políticas será trascendental si hemos de construir una cultura de verdadera responsabilidad política, en donde cada quien rinda cuentas por sus aciertos y sus errores, sin correr el riesgo de un linchamiento público, en nombre de una ética que tiene un terrible sabor a vendetta.

 

            La ética pública es mucho más que apuntar con el dedo acusador o vilipendiar a quien se encuentre transitoriamente en el poder.  La ética pública es mucho más que un juicio político o la capacidad de mancillar honras ajenas.

 

La ética pública es poner el interés general por encima de todo, y eso quiere decir construir obras reales y rendir resultados concretos más allá de las críticas y más allá de los ataques.

 

Los gobernantes, como los metales, se prueban bajo presión.  ¡Ay de aquel que por temor a la oposición, a grupos poderosos o a los medios de comunicación, se dobleguen sus más firmes convicciones!  Sólo los metales construirán los puentes del mañana, y no quienes se dediquen a hacer del escarnio una profesión o quienes se nieguen a ejercer su liderazgo en pos del espejismo de la unanimidad.  Como lo he dicho tantas veces, la búsqueda del consenso es la negación del liderazgo.

 

            Uno no llega al poder a complacer.  Un gobernante debe decirle al pueblo lo que debe saber, y no lo que quiere oír.  Gobernar he dicho a lo largo de cuarenta años es educar.  Ese fue el principio rector de mis dos administraciones y me siento muy orgulloso de ello.

 

            Nada de esto lo digo por interés personal.  Mis ojos vieron el ayer de la política, y sólo en esta noche se cruzan con los ojos que verán el mañana.  Pero soy un viejo militante de este oficio, un demócrata veterano a punto de escribir la última línea de su historia política. Y quiero dejar constando que creo, con cada fibra de mi ser, que Costa Rica será mejor el día en que deje de acarrear agua del pozo de la confrontación y el resentimiento, y empiece a regar sus campos con el agua diáfana del diálogo y el respeto, con la voluntad para coincidir y la vocación para ayudar.

 

            Servirle a este pueblo ha sido el mayor honor de mi vida.  No cambiaría por nada la suerte de haber cargado sobre los hombros las esperanzas de Costa Rica.  No cambiaría los abrazos de los niños, las bendiciones de las abuelas, las sonrisas de las madres de nuestra tierra.  No cambiaría ni siquiera los golpes, ni las críticas, ni las ofensas.  Agradezco todo lo que me han dado, porque el hilo negro y el hilo blanco han trenzado la tela de mi destino.  Y el destino ha sido sumamente generoso conmigo.

 

            Yo no sé si hay un futuro escrito para cada uno de nosotros.  No sé si cada quien lleva en el alma una brújula escondida que le muestra el camino. Sólo sé que mis pasos me llevaron al lugar más hermoso que jamás haya visto: al corazón del pueblo de Costa Rica.  Ahí construí mi casa.  Ahí planté los rosales de mi espíritu.  Y cuando me vaya de la Presidencia, no me iré de ese rincón del Paraíso.  Siempre, siempre estaré con ustedes, como presencia o como recuerdo, y seré eternamente el servidor de este pueblo al que tanto quiero.

 

            Muchas gracias y que Dios los bendiga.

 

LA PRESIDENTA AD HOC MIREYA ZAMORA ALVARADO:

 

            Tiene la palabra el señor presidente de la Asamblea Legislativa Luis Gerardo Villanueva Monge.

 

EL PRESIDENTE LUIS GERARDO VILLANUEVA MONGE:

 

            Señor Presidente de la República, don Óscar Arias Sánchez; señora presidenta en ejercicio de la Corte Suprema de Justicia, magistrada Zarella Villanueva Monge; señor presidente del Tribunal Supremo de Elecciones, magistrado Luis Antonio Sobrado González; señoras ministras y señores ministros de Gobierno, señores magistrados y señoras magistradas de la Corte Suprema de Justicia, señoras magistradas y señores magistrados del Tribunal Supremo de Elecciones, señora Contralora y Subcontralora General de la República, señora Procuradora General de la República, señora Defensora y señor Defensor Adjunto de los Habitantes, excelentísimo Cuerpo Diplomático, reverendísimo Arzobispo de San José, señoras diputadas y señores diputados, señoras y señores, en nombre de la Asamblea Legislativa doy a todos la más cordial bienvenida.

 

            Señor Presidente, me gustaría tener las manos llenas de pueblo y saludarlo en esta despedida, en nombre de ese pueblo.  Usted concluye su período como Presidente de la República, pero su obra se queda, están mapa y brújula, velas y timón de esta nave, capitán, que en medio de la neblina y la confusión, pusimos confiados en sus manos, señor Presidente, hace cuatro años.

 

            Dos veces le tocó, don Óscar, tomar el timón en aguas turbulentas, y dos veces nos dejó encaminados hacia un destino claro y promisorio.

 

            Nuestro pueblo reclama hoy que no perdamos el impulso ganado, que aprovechemos el nuevo rumbo y afiancemos la senda del progreso, de la esperanza y de los sueños que usted ayudó a trazar.

 

            Cada niño y cada joven que estudian gracias al programa de becas Avancemos, pide que no perdamos ese impulso.  Cada adulto mayor que hoy recibe una pensión digna del Régimen no Contributivo, pide que mantengamos el rumbo.  Cada joven que se emplea en una nueva empresa, pide que no detengamos la nave.  Cada campesino que atraviesa por una vía, en buenas condiciones, pide también que sigamos el rumbo.

 

            Hoy, los costarricenses han vuelto a recobrar la confianza en el presente y el optimismo en el futuro.

 

            Bajo su liderazgo, don Óscar, quedaron atrás los complejos de pequeñez e inferioridad; Costa Rica se siente y se sabe grande, su determinación nos ha permitido ganarnos un puesto de primer orden en la comunidad internacional.

 

            Hoy, Costa Rica no es más aquel país pequeño y aislado en territorio; es una nación vigorosa, capaz de negociar con los más poderosos y capaz, también, de obtener grandes victorias.

 

            Hoy, Costa Rica, gracias a usted, es un país que superó prejuicios y distancias, y está posicionada con firmeza en China y Singapur, lo mismo que en el mundo árabe, que representa una sexta parte de la humanidad, sin abandonar nuestras vigorosas e históricas relaciones con la Unión Europea y con América del Norte.

 

            En medio de la más grave crisis internacional de las últimas ocho décadas, con todo y obstáculos y discrepancias, nadie le pudo impedir que la inversión social de Costa Rica fuese, durante su segunda administración, don Óscar, la mayor de toda la historia nacional.

 

            Superada la crisis, vuelven la confianza y el optimismo; vuelven los empleos y las inversiones; aumenta la producción y las exportaciones.

 

            Se marcha don Óscar, pero quedan sus obras, el reto y el reto de abrir nuevas sendas sobre los surcos abiertos, trazando nuevos horizontes sobre las utopías que usted hizo renacer.

 

            Estimado señor Presidente, luego del 8 de mayo próximo podrá volver usted tranquilo a sus actividades como ciudadano; porque los costarricenses lo tendremos desde ahora y siempre, en el sitial que está reservado solo para los grandes hijos de este pueblo.

 

            Señor Presidente, su obra es grande, plantea retos, muchos retos que superar; pero puede estar tranquilo, que el timón, que usted deja, queda en buenas manos, porque Costa Rica ha sabido elegir a su sucesor, en este caso a una mujer, a la primera Presidenta de este país, una mujer de cualidades extraordinarias.

 

            En nombre de esta Asamblea Legislativa, que es la representación del pueblo de Costa Rica, a usted, don Óscar, le expresamos nuestro reconocimiento, le expresamos nuestro agradecimiento por la excelente labor realizada.

 

            Por todo eso, muchas gracias, don Óscar, muchas gracias.

 

            Señoras y señores, les ruego ponerse de pie para proceder a retirar el Pabellón Nacional.

 

            La señora diputada Martín Salazar y el diputado Cubero se servirán acompañar al señor presidente de la República, doctor Óscar Arias Sánchez, a su retiro de este recinto.

 

            Los señores diputados Mendoza García y Céspedes Salazar se servirán acompañar a las señoras ministras y a los señores ministros de Gobierno.

 

            Los señores diputados Granados Calvo y Villalta Florez-Estrada se servirán acompañar a la presidenta en ejercicio de la Corte Suprema de Justicia, magistrada Zarella Villanueva Monge, a las señoras magistradas y a los señores magistrados.

 

            Los señores diputados Avendaño Calvo y Orozco Álvarez se servirán acompañar al señor presidente del Tribunal de Elecciones, Luis Antonio Sobrado González, y a las señoras magistradas y a los señores magistrados a su retiro de este recinto.

 

            El señor diputado Mendoza Jiménez y la señora diputada Ruiz Delgado se servirán acompañar a las señoras Contralora y Subcontralora General de la República a su retiro de este salón de sesiones.

 

            La señora diputada Alfaro Murillo y el señor diputado Sotomayor Aguilar se servirán acompañar a la señora Procuradora General de la República.

 

            El señor diputado Víquez Chaverri y la señora diputada Venegas Renauld se servirán acompañar a la señora Defensora y al señor Defensor Adjunto de los Habitantes a su retiro.

 

            El señor diputado Góngora Fuentes y la señora diputada Acuña Castro se servirán acompañar al excelentísimo Cuerpo Diplomático al retiro de este salón de sesiones.

 

            Las señoras diputadas Chaves Casanova y Bejarano Almada se servirán acompañar al excelentísimo Arzobispo de San José a su retiro de este salón de sesiones.

 

            Se les recuerda a los señores diputados y señoras diputadas, que el próximo lunes, de conformidad con el Reglamento de la Asamblea Legislativa, la sesión dará inicio a las quince horas.

 

            Al ser las veinte horas con veintinueve minutos se levanta la sesión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luis Gerardo Villanueva Monge

PRESIDENTE

 

 

 

 

 

 

 

 

Mireya Zamora Alvarado                                              Ileana Brenes Jiménez

PRIMERA SECRETARIA                                             SEGUNDA SECRETARIA